Fragmento de mi entrada "Diario de tus instintos olvidados".

Y a solas, cada cuerpo compone su réquiem.Un llanto por la mitad perdida. Una lágrima por cada gota de sudor compartida. Una SONRISA por cada risa que inundó la partida.

El acto desesperado de amar lo que no tenemos. El acto desesperado de amar.
Amar desesperados ese acto.
Y desesperados sucumbir al amar.

(Fragmento de mi entrada "Diario de tus instintos olvidados".)

sábado, 29 de mayo de 2010

¿Qué cojones me pasa? I´m on fire

No logro moverme de la ventana. Estoy desnuda (por fuera también), hace algo de frío, tengo la frente apoyada en el ventanal de mi salón y hago baho con mi aliento; me enfurece como crece, y a medida que me enfurezco, más aliento sale. Eso me enfurece aun más.
Me aparto acobardada por la metáfora que acabo de ver.

¿Qué cojones me pasa? ¿Desde cuándo? ¿Qué pretendo? No logro centrarme. Mi aliento me empaña la vista, el fuego me nubla la razón.

Siempre una pasional bajo la forma de una felina distante, oculta entre la maleza y, de vez en cuando, saltando del escondite. Pero ahora... no hago más que correr desenfrenada. Dejando atrás a la manada en mi carrera, todos los animales miran. Juzgándome y deseándome a partes iguales. No voy a mentirte, me preocupan ciertas opiniones, el resto correría aun más solo para no oírlas, y el resto las destriparía con mis fauces. Cierro los ojos y siento, por la zona de mis costillas, ese fuego. Que no me deja pensar bien.
Que paradojicamente, enfría aun más mi sangre fría.

Quizás sea eso. Que a medida que corro, a medida que dejo que este fuego me consuma, que mi razón no me sirva de nada... mi sangre fría se hiele por momentos. Como una leona tallada en escarcha y que, sentada en la roca más alta de la sabana, con los ojos entrecerrados, mira desafiante al Sol que se pone, para dar lugar a la noche, su/mi territorio.

"I´M ON FIRE"

Siento que cada vez hay más oportunidades, y debería ser suficientemente suficiente para dejarlas pasar. Pero mi sangre fría me lo impide y el fuego me empuja.

Tengo una visión, y soy yo, en la azotea de un rascacielos, en lo más alto, en el borde, disfrutando de una noche de tormenta, lluvia y viento, se que no me voy a caer, las llamas me envuelven el cuerpo entero, pero no parecen querer matarme, sino a tí. Y caes en mi trampa, pero ves como en la espalda me nacen unas alas negras, nunca me alcanzarás, pero no puedes evitar creer en ello. Y eso me divierte.

Vuelvo a la ventana y la golpeo donde aun quedan restos de mi aliento. El Sol ya ha salido y juega con mis rizos del color del... fuego. Hay una rendija abierta y entra el viento, juega con mi pelo, moviéndolo como si fueran... llamas. Me alejo.

La ventana no es buen sitio para desnublar la razón.
Pero es el único sitio donde puedo tratar de calentar mi sangre.
Es el único sitio donde puedo esperar la lluvia necesaria para apagar estas llamas que me envuelven.
Es el único jodido sitio donde podría caerme un rayo para romper estas alas negras que me nacen de la espalda.







miércoles, 26 de mayo de 2010

Me gusta divagar en transporte público

No se por qué a la gente no le gusta viajar en transporte público. Yo no le veo más que cosas buenas. Te permite llegar deprisa a los sitios, haces ejercicio, te sale más barato que otro tipo de transporte, no contaminas, no ocupas espacio en las aglomeradas calles, no hay problema para aparcar... pero sobre todo, por la gente.

Los demás; eso es lo que más me gusta del metro y de los autobuses.

Cada mañana me monto en el F con la expectación que saco de lo más profundo de mi consciencia dormida y mi subconsciencia curiosa. Si puedo, me siento en uno de los 4 asientos juntos de la parte de atrás, me gusta poner las piernas en alto. Subo el volumen de alguna buena canción de mi Ipod y me dedico a observar fijamente a la gente mientras las notas musicales bailan en sus rostros. Aunque acabo quitándomelo para oír el idioma matutino de cada uno.

Y me dedico a divagar sobre la gente que me acompaña cada mañana.

La joven embarazada que trata de hacer el sudoku que descansa sobre su abultada y preciosa barriguita; el chico del tatuaje en la pierna que mueve la cabeza al ritmo de alguna canción que nunca conoceré; el anciano curtido por mil arrugas, de las cuales me gusta pensar que son una cicatriz en el alma de algún buen recuerdo; los dos gemelos que siempre suben a la misma hora que yo, uno de ellos siempre rodeando a su novia, el otro mirando por la ventana; las tres divinas enloquecidas que van en mi sitio de 4, hablando entusiasmadas de que un tal Manuel no hace caso a la de los tacones naranjas. Naranjas. El padre con el carrito intentando que su hijo entienda q ir a la guardería es "divertido", y me gusta que sea esa la palabra,divertido. Y me hace sonreír sorprendida ver como mientras habla a su hijo, se mete dentro de la camisa un larga trenza que nace en su nuca. El señor de 40 y diez años que abraza un gran maletín ¿Que llevará? ¿Dinero para un soborno? ¿O estrellas? Un hombre ocupado parece.

-Perdone, ¿me regala una sonrisa esta mañana?

Las dos chinas que hablaban en inglés, maldito inglés, yo quería oír chino. Y los que están tan al principio del bus que no logro sacar detalles, y cuyos rostros pierdo en las curvas. Una pareja besándose, dos amigos discutiendo, una señora con el móvil... Y el conductor claro. Suele ser siempre el mismo, con sus gafas de Man In Black de siempre, y su sonrisa, y su saludo también:

-Buenos días jovencita.

Y me pregunto cómo se llamarán. Dónde van esa mañana. Qué les depara el día. Y la noche. Si son felices, si van a serlo. Si acaso lo saben. Si sufren por alguien. Si ríen con alguien. Si tienen grandes sueños o pequeños proyectos. Si los conseguirán. Si los conoceré algún día. Qué esconden cuando me miran el tiempo socialmente permitido. Qué me esconden cuando se exceden de él.

Pero, sobre todo, me pregunto si alguno de ellos se divierte felizmente como yo haciendo esto. Si de todos los metros que subo, de los autobuses que bajo... si alguien se dedica hacer lo que yo. Supongo que nunca lo sabré. Sería estupendo un día mirar a alguien y que se excediera tanto en el contacto visual que pudiese leer intrínseco en él:

"Sí, yo también estoy tan loco como tú."

Hoy me ha gustado tanto este grupo que me ha acompañado por la mañana en el bus que no he querido volver a casa en él. Me he puesto el Ipod en una oreja y a 2 amigos en la otra. Y andando, con el Sol en la espalda, esta jovencita ha subido la cuesta con la conciencia tranquila de una tarde muy productiva, esperando impaciente la hamburguesa para cenar con ellos y con ganas de coger el autobús mañana.






lunes, 24 de mayo de 2010

"Porque nadie muere solo, Jack"

No es eso.

No es que no nos haya resuelto de dónde viene el humo negro. Ni cómo Desmond es capaz de sobrevivir a ataques electromagnéticos. Ni de dónde proviene esa luz de en medio de la isla. Ni cómo hacen para saltar en el tiempo. Ni en el espacio. Ni qué es, en definitiva, la isla.

Y ayer, después de levantarme a las 6.00 de la mañana, comprobar que verdaderamente el final estaba cerca, esperar sentada en la encimera de la cocina viendo como las palomitas se hacían... Después de 6 años de serie, después de todo el misterio, las noches enganchada en series yonquis, la de conversaciones sufridas con los amigos, la de risas, la de desesperación por saber qué cojones pasa... Después de todo eso, y hora y media de capítulo final, aparece el último cartel de LOST en mi pantalla.

Y no se que pensar. No. ¿Un sueño? No puede ser. ¿Muerte? ¿Qué dices? Aun noto tensa la piel de mis mejillas por las lágrimas que se me han secado en ellas. Porque sí, porque he llorado.

Porque no entendéis. No es ser freak, no es ser fanático. Es adorar las buenas historias. Y como ya he dicho, ahora me doy cuenta, después de llamadas a las 9 de la mañana para comentarlo todo contigo, después de ir por la calle y ver gente con símbolos de Dharma, después de acaloradas conversaciones en la universidad, después de meditarlo...Ya lo he entendido.

Todo se resume en un gran: "¿Y qué?" Acompañado de una sonrisa.

No importa que no me solucionen todo eso, no importa que no sepa nada a ciencia cierta, que... A mí me gusta, ¿y sabes por qué? Porque cuenta lo más importante, la vida y la muerte. Porque la isla fue misteriosa antes que ellos y lo es ahora sin ellos. Y hay cosas en esta vida que no se pueden explicar, y que forman parte de su magia. Simplemente, creyendo en ellas. Simplemente, su razón es un "porque sí". Y a mi me basta. Es suficiente para mí.

Porque no fue un sueño. Fue real. Todo ello pasó. Y Jack, y los demás se fueron sin saber la verdad de nada, como todos aquellos que alguna vez tropezaron con la isla. Como nosotros.
Y sí, están muertos. Pero, ¿no es eso lo que nos espera a todos? Ellos no iban a ser distintos.
Esos flash-forward no eran más que el limbo. No es al contrario, no es la isla lo ficticio, es la realidad lo ficticio.
Todos muertos esperándose, sin saberlo, sin poder cruzar la puerta sin los otros.

"PORQUE NADIE MUERE SOLO, JACK"

Porque se aman, porque todo ese sentimiento fue real. Y ahora, después de tanto sufrimiento que pasaron, vuelven a estar juntos. No importa donde, yo lo llamo limbo. Ahora la frase mítica de la serie pierde sentido: "Vivir juntos. Morir solos". Porque...

"PORQUE NADIE MUERE SOLO, JACK"

Y es lo único importante. Las historias, las personas, sus sentimientos, su amor, su amistad. Que me den una respuesta a lo otro, simplemente calma mi sed de curiosidad, pero no es lo importante. No puedes decir que no te ha gustado el capítulo solo porque no resolvían dudas ¿no crees? Siempre nos dejaban a medias, otras cosas lo intuías, te las decían, otras se las callaban... y eso es porque no es importante.

La isla no importa. Importa lo que hacía aun más especial a la isla. La alegría y amistad de Hugo, la ironía y temeridad de Sawyer, la lealtad y valentía de Jack. la serenidad y fuerza de Kate, la disyunción del bien y el mal de Sayid, el amor de Juliet, la transformación de Jin, la voluntad férrea de Sun, la bipolaridad de Ben, los errores de Locke y los de... y la humanidad de todos ellos.

Juntos. Felices. Te das cuenta. Y aprendes de sus errores. Y lloras porque yo también estoy perdida muchas veces. Yo también tengo mis humos negros en el alma. Y esa luz en mi corazón que alguien tiene que proteger por mí. Y lloro porque al fin y al cabo, la vida es nuestra isla personal. Y les ves, y piensas:

-Yo me rendiría, es imposible.

Pero no, ahí siguen, como en las épicas batallas, piensan qué es un error, por qué ellos, pero ahí están. ¿Importan los motivos? Claro que sí, pero no resolverían nada. Esas batallas donde no quieres saber el final porque, joder, no pueden acabar bien. ¿Cómo volverá a ser todo igual después? Pero se puede, al final, todo se pasa, siempre. Siempre, después de la más negra noche de tormenta aparece el más brillante de los soles, y un nuevo día nos trae esperanza de que es posible. Sea lo que sea. ¿Me crees?

Y son esas las historias que a mi me gustan, las que importan, esas, como ésta. Porque llenan el corazón, porque las encuentras sentido.

Y lo más absolutamente importante de todo: y es que todos ellos, podrían rendirse, podrían dejar que la isla acabara con ellos; incluso podríamos dejar que nuestra vida pasase sin nosotros vivirla... Podríamos, igual que ellos.
Pero no se rinden, no lo hacen, porque todos luchan por algo. Porque tienen esperanza.


Y tu, dime,¿entiendes ahora lo verdaderamente importante?



P.D: Jack, no puedo olvidar mencionarte, junto con Ben, eres mi favorito. Siempre me has gustado, me has enseñado más que ningún personaje, también el que más me has hecho llorar. Sobre todo y de todo.
Y contigo, sin dudarlo, me iba una isla desierta y al fin del mundo.



viernes, 21 de mayo de 2010

Restos, goterones y manchas.

-Te he echado mucho de menos...

-Lo sé. Por eso me abrazas tan fuerte. Me haces daño.

-Es para que no te vuelvas a escapar.

-Sabes que lo volveré a hacer. No soporto la sensación de las ataduras.

-Yo no soporto que te vayas.

-También lo sé. Pero si no me fuese, luego no me abrazarías tan fuerte.

Al final, acababa marchándome siempre. Al principio, volvía. Entre medias, supe que llegaría el momento cuando dejaría de hacerlo. Ahora, no voy a volver. Tu cocina es la única que aun tiene restos de susurros, goterones de risas y manchas de complicidad. Ni tu no yo vamos a limpiarlo.

jueves, 20 de mayo de 2010

Has vuelto, y esta vez para quedarte.

Has vuelto. Te he echado de menos. Reconozco que me olvidé de ti durante unos meses, pues quien te ha sustituido todo este tiempo también me gusta mucho... demasiado quizás.
No se a quién prefiero. No se con quién me quedaría. Con los 2, siempre. Os disfruto tanto...

Hoy he estado bajo tu abrazo toda la tarde, y ese calor tuyo en mi cuerpo me lo ha dicho todo. Mi piel también te ha echado de menos, se sonroja al verte.

El Sol.
Ha vuelto, y esta vez para quedarse.

Esta tarde, en la terraza de mi zorrita Lidia, hemos dejado que por 1ª vez en la temporada, coloreases mi blanquecina piel. Cuando me he tumbado y he cerrado los ojos, he sentido un susurro de placer en cada poro de mi piel, como si me dijese gracias. Demasiado tiempo oculta, demasiado tiempo a la sombra. Tumbada en la hamaca. Leyendo. Hablando de todo. Disfrutándote.

Escuchando música.... mientras el Sol tejía medias de sombras y flores en mis piernas.


Porque hoy nos ha dado el venazo y no hemos requerido de la parte de arriba del biquini. Ha sido estupendo, sensorialmente estupendo. Siempre me quedo como un gato al Sol, ronroneando.

Has vuelto. Quédate por aquí mucho tiempo; pero de vez en cuando, tómate un respiro y deja que llueva. Es lo único que te pido.

Bienvenido a la República Independiente de nuestros cuerpos.
Y para tí, aunque llegas tarde, una poesía:




"Oh baby, you´re so naturally... "




Si el ojo no fuera solar,
¿cómo podría ver la luz?
dijo el poeta.

Si la luz no fuera maestra del color,
¿cómo podría pintar sus ojos?
dijo el pintor.


El Sol no se pone en el horizonte,
el Sol no conoce la noche,
el que oscurece es el ojo, dijo el pintor.

No necesito ir a ver las glorias del Sol
en los campos de la tarde, porque el Sol
de las mitologías es el ojo, dijo el poeta.


El poema del Sol es infinito:
sólo podemos pintarlo con palabras,
dijo el pintor.

Cuando el Sol habla,
todas las criaturas callan,
dijo el poeta.


La sonrisa infinita de la luz
es un verso que es un poema
que es un universo,
el ojo pensante es un ojo riente,
al ojo que nos piensa lo pintamos
con sus propios rayos, dijo el poeta.

El Sol no tiene historia,
el Sol vive en la eternidad del momento,
dijo el pintor.


PINTA POESÍA CON LOS RAYOS DEL SOL A TU ESPALDA O ESCRIBE COLORES CON SUS SOMBRAS EN TU MEMORIA, dijeron los dos.



martes, 18 de mayo de 2010

A vosotros, los gladiadores del escenario.

-¡Despierta joder!

Abres los ojos. Ha llegado el momento. Cómo si no lo hubieses hecho más veces...
Tirada en un viejo sofá de cuero negro roto empiezas a sentir la atmósfera. Ves la realidad en horizontal, piernas que pasan corriendo.
Pantalones a cuadros. Piernas desnudas. Forradas en telas que rehuyen de la luz.

Y entre ellas, la luz del fondo te guiña el ojo. Dios, esa luz...

Algo cuelga de tu mano. Una botella de cerveza, solo queda un culín, no la sueltas. Podría ser lo último que recorriese por dentro tu cuerpo esa noche. Tu otra mano descansa apoyada en el respaldo con un piti consumido. Levantas con esfuerzo la cabeza, el pelo te resbala por el rostro. Es la inevitable causa del efecto. Te ves los pies encima del apoyabrazos. Tienes las botas tejanas demasiado rotas. Y las piernas demasiado delgadas.Te llevas el piti a la boca. Acto mecánico. Ese piti acabado. No como tu, a ti aun te queda mucho fuego dentro que consumir.

-Joder... es que la vida es como un piti ¿No? Pensarlo, uno que hay que consumir. Algunos se dedican a ser autoconsumidos, como un cigarro abandonado. Otros, sin embargo, preferimos que nos inhalen hasta dejarnos secos...

-No se que estarás filosofando ahora, pero no es momento. Tu guitarra ya está afinada. Levanta.

Pero te da igual. Acabas de darte cuenta de qué es la vida para ti. Una metáfora. La de cada cual. Ninguna acertada. Todas válidas. Y satisfecha te levantas. Te esperan. Miles de ellos.

-Que mareo, no logro veros en vertical.

Te llevas la mano al pelo y te lo recoges. Te llevas la birra a los labios y caen dos gotas, tres quizás. Suficiente para que tus labios brillen rojos por el pintalabios mezclado con cerveza. Explosiva combinación. Te pasas la lengua. Ella ya está ardiendo. Te incorporas lentamente. Sientes fatigado todo tu cuerpo. Te grita: "No doy más de sí, pero quiero más. Dame más de eso". Le complaces. Vas a salir a la luz. Las piernas siguen corriendo a tu alrededor, pero ahora son personas. Ahora son locos corriendo. Te quitas la chupa y la tiras no se sabe donde. Empiezas a andar hacia ella. Por el camino, Pete te agarra con violencia y te da la guitarra.

-Olvidabas esto.

Y te besa. Pero no es un beso humano, es electricidad humana. Era la chispa que faltaba para explotar. Te pasa la correa por el cuerpo. Miras a tus camaradas. Con cervezas llenas en las manos y pitis consumiéndose en sus bocas. Te miran. Os sonreís con el alma.
Estáis haciendo lo que más os gusta en esta jodida vida. Y no podrías estar más orgullosos. La luz es cegadora. Y dicen que lo mejor para combatir a una tentación es caer en ella. Te adentras en el túnel, y después de bailar unos segundos en la inconsciencia, el rugido de mil corazones agarrota el tuyo en un puño de corcheas y bemoles.
Como si salieses al Coliseo. Como un gladiador enorme. La arena es tuya, y la sangre también. Pero no saldrá de tus venas. Esta noche no.

Tus guerreros te respaldan con baquetas por espadas,
con púas por cuchillos,
con guitarras por hachas.
Con piel desnuda por armadura.
Solo que no hay César. A ese ya le matamos hace mucho tiempo. Le explotaron los tímpanos.

Agarras el micro como si fuese EXcalibur, como si arrancar un grito de ella te coronase, y efectivamente, en el Olimpo de los sillones rotos de cuero negro.
Y sientes la vida corriendo por tus venas. Como el piti de tu boca se consume a medida que la adrenalina de tu cuerpo asciende.
Acabas rugiendo. Y rugen contigo.













A vosotros.
Supongo que debe ser algo así. Ya os lo preguntaré algún día.
A vosotros.
A todos los que cruzasteis la luz (la de aquí, la de allá), a los que buscabais sentido a la vida entre bambalinas, a los que sus instrumentos eran el único arma que empuñarían jamás, por arrancarme rugidos, por dejar sordo al César.
Por crear sueños, por hacerme feliz escuchándoos, porque habéis puesto banda sonora a muchos momentos de mi vida, porque dormís en forma de CDs a 2 metros de mí, por el cachito de alma vuestra en cada uno de ellos, por alucinarme en los conciertos, por dejaros la piel en ellos...

...pero sobre todo, por vosotros, por haber hecho lo que más os gustaba en esta jodida y fantástica vida. Por que eso inspira, porque eso me inspira, y me hace seguir creyendo que es posible todo, que es posible tenerlo todo.
La sangre y la arena.

A vosotros. Los que ya no estáis aquí. A vosotros, los que aun os quedan algunas caladas más. A los que que recuerdo, y a todos los que sois.

Porque yo también quiero que mi piti sea inhalado por vuestra música hasta dejarme seca.

A vosotros, gracias, por ella... por la música.

domingo, 16 de mayo de 2010

Los Soñadores

Desde París, en algún momento de 1968.


Querida Patri:

Siento haber tardado tanto en contestar tu última carta, pero lo cierto es que no había nada interesante que contar, hasta ahora. Se que sigues triste por mi marcha, siempre hemos sido como hermanas y que los motivos que te doy para intentar justificarme ante tus enormes ojos negros ahora no los entiendes, quizás algún día, si te pica el aguijón de la libertad, seas tu quién me escriba a mí desde algún lugar.

Pero que sepas que soy feliz. Que ya sabes que siempre tuve inquietudes que no encajaban del todo bien con los planes que tenían para mí, y no iba a permitir que me dijeran que hacer con mi vida.
Oh... eres tan bella.

Para empezar, te alegrará saber que ya no vivo en ese apartamento pequeño y sucio del viejo barrio francés. Ahora vivo con un grupo de amigos en una típica casa francesa de dos de ellos. Es un sitio precioso para vivir. ¡Se ve la Tour Eiffel desde mi cuarto! Algún día volveremos a comer helados mientras ponemos nombre a las estrellas desde mi balcón.
Te preguntarás que milagro pasaría para que dejara ese antro.

A los pocos días de llegar a París, y saber donde está lo básico para subsistir, conocí a una chica francesa, se llama Clemènce, en una exposición de Renoir, que ya sabes que me encanta.
Ella también se había ido de casa, venía de Lyon. Siempre quiso conocer París, como yo. Nos hicimos amigas enseguida. Estaba tan loca como yo, teníamos las mismas inquietudes y le encantó poder compartir por fin con alguien su amor por el arte.

A la semana de conocernos, a sabiendas de mi pasión por el cine, me llevó a un viejo edificio, antiguo salón de actos de teatro, ahora abandonado y tomado por muchos jóvenes como nosotras. Me sorprendió la cantidad de chicos y chicas de diferentes nacionalidades que huíamos del frío francés para cobijarnos en el calor del cinematógrafo.
Maratones de Hitchcock, Feyder, Jean Renoir (pero no te confundas con el pintor, esa era su padre), Carné, Godard...

Allí conocimos a los que ahora son nuestros amigos. A Jack, tiene un par de años más que nosotras, inglés, se escapó de casa hace tres, para huir, como dice él, del aburrimiento burgués. A Katherina, es alemana, aunque su nombre es muy raro, y tendrías que verla querida hermanita, es muy rubia, casi tiene el pelo blanco. Y los ojos más azules del mundo. A Keith, es norteamericano, y es divertidísimo, juntos nos pasamos horas escuchando música tratando de ser el primero en saber quien es el cantante. A él también le gusta mucho Janis Joplin. A Claude y Alain, son dos gemelos franceses. Ellos son los únicos parisinos de verdad de todos nosotros. Íbamos juntos ya todas las noches al cine, en las bicicletas de ellos.

Pero lo que nos unió de verdad fue hace 3 noches. Clemènce tiró una piedrecita a mi ventana como todas las noches para que bajase. Jack y Katherina también estaban con ella esperándome. Me puse mi nueva boina roja y bajé los escalones de dos en dos.
¿Sabes qué proyección pusieron justo esa noche? ¡L'Arrivée d'un train en gare de la Ciotat! Se que no te interesa mucho el cine, solo decirte que esa película en su momento fue muy importante. De hecho, fue la primera. Esto me hace recordar las tardes aquellas que intentaba instruirte a cerca de estas cosas, y tú a mí sobre moda. Que sepas que no he cambiado.


A la salida del cine, pensábamos irnos a beber vino al París bohemio como cada noche, pero Alain había desaparecido. Cuando ya empezábamos a preocuparnos, apareció muy alterado gritando:

-¡Demain, nous devons aller!

Que significa que teníamos que irnos, no entendimos nada. Nos explicó que querían desalojar ese lugar, que la policía vendría por la mañana a echarnos de allí. Nos reunimos los 50 jóvenes que sentíamos ese lugar parte de nosotros y una mirada a la desvencijada fachada de "nuestro" teatro bastó para saber que no nos iríamos de allí esa noche, ni por la mañana, ni nunca. Nos reunimos todos, rodeamos el viejo salón y nos quedamos toda la noche.
Para hacer la espera más liviana, le pedí a Keith que tocase algo con su guitarra, me miró y sonriendo se pasó toda la noche tocando para nuestras revolucionarias almas, mientras bailábamos Katherina y yo a su alrededor... esperando a que viniesen.

El alba llegó y con ella los guardias. Te ahorraré detalles, solo te diré que los pocos ahorros que me quedaban tuve que ponerlos para sacar a Claude y a Jack del calabozo. Corrí y grité como nunca. Estuve a punto de ser engullida por la masa de jóvenes que huíamos, suerte que aparecieron Clemènce y Keith con las bicicletas. Tengo un pequeño rasgullo en la mejilla.
A la hora de la merienda, estábamos todo el grupo. Incluidos Claude y Jack. Tirados en la calle, comiendo bocatas. Pero no teníamos nada más de dinero. Lo habíamos gastado todo en ellos. La verdad es que no estaba preocupada por ese detalle. No pasa nada. Algo pasaría que lo arreglaría. Siempre se arregla.

-Notre maison est grande... Venez avec nous.

Sonreí, ¿Lo ves? Nunca pasa nada, si se cierra una puerta, una ventana se abre. Nos mudamos esa misma tarde.
Cuando eres joven se tiene una gran facilidad para mudar, en todos los sentidos. Es eso que siento tanto últimamente, la jovialidad, las ganas, el positivismo, el nunca pasa nada, el se va arreglar.
Solo necesité un viaje en la destartalada moto de Keith para llevar todas mis cosas. Alain y Claude estaban emocionados con la idea de que viviésemos todos juntos. Ellos vivían con sus padres, pero siempre estaban de viaje y pasaban demasiado tiempo solos en esa inmensa mansión que parece rozar el cielo y estar a la misma altura que la Tour Eiffel.
Desde entonces vivimos estupendamente. Todos tenemos ya algún método de tener dinero. Yo, por ejemplo, he encontrado un trabajo de repartidora de flores, tengo que ir en moto, pero tengo un estupendo profesor.

Y por las tardes pintamos, escribimos, hacemos fotos con la carísima cámara de los padres de los gemelos, leemos obras de la literatura universal en alto, jugamos todos a adivinar las canciones de la radio, cocinamos, jugamos al escondite, hacemos representaciones caseras de teatro antiguo, salimos a montar en bici por los Campos Elíseos, rodamos por el césped, vamos a cenar donde podemos y, por supuesto, cada noche, volvemos a nuestro viejo cine a quedarnos dormidos en el abrazo mágico del cine.

Je t´aime Patri.
Volveré a escribirte pronto.
Tan pronto como sepa que cosas me pasarían en 1968.

Somos tan jóvenes... y lo más bonito de ello es que, cuando eres joven, nos creemos inmortales.

__________________FOREVER YOUNG_________________




P.D: Dime... ¿"dónde" irías tu, a "cuándo" irías tu, a "quién" escribirías tu?


sábado, 8 de mayo de 2010

Implosión




Nada. Al principio no había nada.
Entonces... Big Bang. La explosión de 2 miradas desconocidas. De 2 planetas distintos.
Nos eclipsamos. E hicimos el amor con las mentes. Turismo espacial y terrenal durante unas u.t. indeterminadas en un café de esa calle empedrada de la tierra de nuestros padres.

Posaste tus pies sobre los glaciares de mi cama, tus manos resucitaron en las dunas de mi desierto epidérmico, y anclaste tus raíces en mi mente. Lo único que no llevabas desnudo eran las intenciones, sin saber por cual lado de mis piernas la hiedra crecería. Oliste las flores de mis sensaciones. Los miedos de los tuyos en mí.
Podaste la inexperiencia de nuestra juventud, la juventud de la inexperiencia. Suerte que siempre queda alguna hierba mala en mi jardín.
Dejaste que sintiera que incrustabas en mi todas tus maderas de baobab.

Prisionero orgulloso de todos mis movimientos.

Te admiré como si mil mares de hierba y mil prados de aguas hubiesen sido invertidos en la perfección cambiante de tu belleza. Me quedé por un rato acostada en el hoyuelo de tus sentimientos, o en el de tu barbilla. Mientras te contaba fábulas inocentes, te arañaba la otra ladera con malicia.

El panteísmo del amor.

El dominio de tu cuerpo.
El reino de tus caricias.
La filo de tu piel.
El clase de tus pensamientos.
La orden de tus besos.
El familia de tu risa.
El género de tu alma.
Tu especie.

Que mi cuerpo bese lo que mis labios prodigan, por lo que mis ojos anhelan ver cada día.

Cultivamos incansablemente todas las sonrisas de todas las bocas de nuestro cuerpo. Las fotografíamos, las pintamos, las esculpimos, las escribimos, las cantamos... y nos las susurramos al oído como si no supiésemos que por ellas dejamos nuestras atmósferas. Hice surf por las campillas de tus risas, mientras tu mudabas tu piel para encajarla con mis ecos. Desayunábamos el beso de nuestras manos en nuestras mejillas. Me hiciste un nudo marinero en la garganta para siempre. Y te di un beso de tornillo a ese bostezo de comodidad. Cuando te dedicabas a mirarme como si fueses el depredador más sigiloso, acechando a la presa más desprevenida. Igual que a veces observar humilde a la Tierra es más gratificante que ser parte de ella, igual nos besábamos con la córnea.

Perder la cordura a base de ternura en esa fuente de Ginebra pura.

Una catarata de palabras al amanecer. Tu huella en mi huerto, donde probé el fruto del desorden. Donde mis labios eran el valle que unía la montaña de la sinrazón y la del corazón.
Esos ecos que siempre fueron tuyos. Dibujé en tu cuello torbellinos con la punta de mi lengua. Enredaste mis rizos en tus pendientes de metal fino.

El vaivén de mis caderas por el viento de ponente. Me llamabas veleta. Trazaste ejes cartesianos imposibles en todos mis badenes, y yo te regalé un mapa de con tus fallas y pliegues.


Ardimos en colores.


Vestiste mi desnudez con gritos ahogados por última vez, hicimos el amor con las mentes una vez más; para luego sufrir la implosión de los sentimientos que poblaban nuestros bosques del alma.

Emociones congeladas que amenazaron con explotar a causa de un largo viaje. Un trayecto que se llevó para siempre el viento de ponente que hacía girar mi veleta en cualquier dirección...

Y en la intersección de los caminos me siento expectante...


...mientras el viento me guía en dirección contraria.

P.D: Para tí, "Viento de Ponente", porque nunca llegué a contestar tu carta de despedida.




viernes, 7 de mayo de 2010

En busca de la Felicidad


En busca de la felicidad:




- ¡Eh! Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo, ni siquiera yo, ¿vale?
- Vale.
- Si tienes un sueño tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te diran que tu tampoco puedes. Si quieres algo ve a por ello y punto. "

sábado, 1 de mayo de 2010

Hay ratos


Hay ratos que solo apetece ovillarte en el sofá, ver una peli de esas que les cuesta encontrar el final feliz y tomarte un bol de helado de frutas del bosque...

...para después quedarte dormida mientras suena

"With or Without you".



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