Fragmento de mi entrada "Diario de tus instintos olvidados".

Y a solas, cada cuerpo compone su réquiem.Un llanto por la mitad perdida. Una lágrima por cada gota de sudor compartida. Una SONRISA por cada risa que inundó la partida.

El acto desesperado de amar lo que no tenemos. El acto desesperado de amar.
Amar desesperados ese acto.
Y desesperados sucumbir al amar.

(Fragmento de mi entrada "Diario de tus instintos olvidados".)

sábado, 14 de enero de 2012

Púas.

Porque no puedo hablarte de mí, solo desde mí.
No me sorprendo, conozco bien mi talento, virtud, don y defecto, y el atractivo de la actitud a la que me enfrento. Se que construyen verdades con sentencias, que creen en verdad las apariencias, pero la verdad es que mi único crimen es ser fugaz.

Llueven Erizos que solo quieren dormir entre mis rizos.

Medito por no escapar. Escribo por no gritar. Leo por no suspirar.
Y eso me hace conocer la rima, el ritmo reflejado en el cristal de cualquier bar, no sucumbir a la espiral que se convierte en el hecho de amar. Ya usé todo el cobre y ahora no me queda más que apostar vida, vida a matar en cualquier bar, donde el cristal ya no refleja nada, se vuelve opaco de decisiones que ya no llevan el ritmo; para poder escapar, gritar, suspirar.

¿Y qué os queda?
La rutina acomodada en el salón, tentándome a compartir sofá con ella.
¿Serás tu quién me juzgue?
Yo al menos lo intento... Intento no acomodarme.
Esto que escribo demuestra que no he muerto, que no cruzaré el túnel de luz, porque un túnel implica oscuridad, es la pura verdad.

Soñaré con no perder la fe, no perderé el sueño en que creí, creeré que lo que se sueña nunca se pierde; tropezaré con alguna roca y me levantaré más fuerte que cualquier pùa que escupa tu boca. Que no se si logrará herirme, pero por si acaso siempre tengo listo el equipaje.

Listo el equipaje. La montaña nevará en mis botas, mis muslos sudarán agua de mar,
los desiertos maquillarán mis mejillas, los bosques peinarán mi pelo,
el Universo me pone en celo.

Pasarás media vida esculpiendo tu tumba, pasaré la mía bailando sobre ella alguna rumba. Porque yo no creo en el destino. Me enfrento con coraje a ser una don nadie y a ser única, es mi único ropaje, el uniforme del abismo. Tienes una razón para vivir, y eres tu mismo.

Y fui yo quien dije: "Oh Dios hazme libre".
Y bajó el Él y contestó: "Muy bien, elige tu el calibre".

Mientras te observaba con calma, Erizos hambrientos abandonaban tu alma.
Ahora esos Erizos se comen las palabras que arden mi alma cuando actúas, para que yo ya no pueda echar púas.

Porque la soledad está donde tu estés ausente... ¿O presente?
Porque la alegría está donde tu estés presente... ¿O ausente?

Ya no me acuerdo, los erizos ya no tienen púas.

domingo, 30 de octubre de 2011

Diario de tus instintos olvidados.


Queremos que nos dejes sentir el desgarro de lo inexplicable.
Que veamos como convierte el deseo al movimiento.
Queremos que soportes la lluvia vestido solo con su pasión, para después que te desnude sin compasión.


Queremos que escriba para nosotros la danza del deseo y hacer de tu cuerpo la fuente que su sed anhela. Hacer del suyo la extensión de tu pellejo.
Queremos ver como sus caderas son las riendas que no puedes controlar. Que muerdas cada redondez de su pecho mientras reconstruye cada malherida esquina del tuyo, donde tu espalda sea el paraíso de sus uñas. Que devores esas arrugas de su cuello que nunca verás envejecer. Queremos que funda el hielo que sostiene tus agarrotados músculos.

Queremos que sus manos sean cera para la chispa que bombea tu calor.

Queremos que te robe las llaves de esta cárcel donde un día decidiste desterrarnos, o que se caigan en la lucha por sus entrañas. Que tenses tus poderosas mandíbulas cuando nos quites las esposas.



Y su lengua será la batuta de la orquesta de gemidos que ensordece las paredes de esta prisión.

Dos cuerpos que se aplastan, hasta perder su gravedad, hasta convertirse en "un monstruo de dos espaldas". Que maravilla, que maravilla. Viven en el exceso de su nueva anatomía tu miembro y su alegría.
Queremos bailar el desgaste del deseo, para detenernos en el amanecer... Donde cada bailarín vuelve a su lado del escenario, donde cada cuerpo vuelve a su extensión única, donde el término único adquiere su matiz.


Y a solas, cada cuerpo compone su réquiem.
Un llanto por la mitad perdida.
Una lágrima por cada gota de sudor compartida.
Una SONRISA por cada risa que inundó la partida.

El acto desesperado de amar lo que no tenemos.
El acto desesperado de amar.
Amar desesperados ese acto.
Y desesperados sucumbir al amar.


martes, 25 de octubre de 2011

Huele a lluvia...

Huele a lluvia... ¿Lo notas? Ya está aquí. Me empapo, me ahogo. Me mojo. Me río. Y escribo.

Un sentimiento de absurda felicidad me invade estas mañanas húmedas, que me agarrota cuando me asomo a Madrid y está ella, allí, esperando a darme su sudorosa mano cuando la saque por la ventana de mi cuarto, al vacío. Y esto es solo el principio.




La mañana venía húmeda, húmeda como el alma bajo una lluvia de palabras obscenas, como tus pestañas conquistadas por infinitos diamantes, como tu mirada perdida en la tampestad de mis pensamientos, húmeda como las lenguas que se juntan y las solitarias, como los ojos que lloran de rabia y de amor.

Húmeda como cuando la gente se encoge bajo la lluvia y yo me lleno los labios de nubes. Como cuando abro la boca para alimentarme de estrellas barridas, porque no llevo tacones como ellas, tan bellas. La mañana venía húmeda, como mis mejillas llenas de lágrimas, que han venido a ahogarme las penas, húmeda como la lluvia que ha venido a besármelas para que las gentes nunca lo sepan.

Y por eso nos gusta la lluvia, porque nadie nunca sabrá si hemos llorado o es el cielo que nos ha amado.
Húmeda como las quejas de mis amigos por el frío, suerte que mi calor proviene de mi propio sistema solar, y aunque últimamente tengo vacantes en los satélites de la inspiración de mi prosa y mi verso, no voy a dejar de llover cualquier sonrisa hermosa que me humedezca este deseo perverso.

Húmeda esa misma mi inspiración, la que hasta hace unos días no sabía deletrear con precisión, y hoy es tu perdición, tu pasión. Tu pasión, mi perdición. Tu perdición, la mía.

Húmeda como esas miradas letales que dejan ciegos los cristales. Veo paraguas y chubasqueros de todos los colores, pero no te engañes, la lluvia es justa y no hace distinciones. No te duermas por favor y escucha la lluvia que golpea, el viento que hoy te menea. No te duermas por favor, y apóyate en mi húmedo pecho de absurdo gozo a primera hora de la mañana.

Húmeda como estas palabras que se las lleva el agua, porque olvidarás esto que te digo, pero no esto que te siento. Que te siento húmeda, en mi ventana.



Húmeda como antes mi sexo; como algún día esos nuestros cuerpos sudorosos, empapados, embebidos, mojados, como dos torrentes, húmedos, como ríos que juntos van a ahogarse en el orgasmo de un océano de placer.

La mañana venía húmeda, como esas tardes de lluvia y Ipod por el centro de Madrid que nunca tuve. Y que retuve.
Húmeda como las lágrimas de mis mejillas que no pienso llorar.
Húmeda como la risa de mi eterna sonrisa que no pienso secar esta mañana.
Ni mañana.
Hasta mañana.



Porque la vida no es sobrevivir a la tempestad, es aprender a danzar bajo esta lluvia otoñal.



sábado, 22 de octubre de 2011

Cualquier gran historia empieza en cualquier momento. Y con cualquiera.




¿Cuántos recuerdos por olvidar? ¿Cuántas canciones por dedicar?

¿Cuántas mentiras por jurar? ¿Cuántos caminos por perderse?

¿Cuántos amaneceres al atardecer?

¿Cuántos sueños interrumpidos por el sueño?

¿Cuánta vida por morir? ¿Cuántas muertes por una vida?

¿Cuántos libros por escribir? ¿Cuántas historias por imaginar?

¿Y por contar? ¿Y por vivir?

¿Cuántas camisas por pijama? ¿Cuántas cervezas por desayunar?

¿Cuántos besos al aire?

¿Y cuántos a tu mejilla? ¿Y a la suya?

¿Cuántas miradas por ver? ¿Cuántas SONRISAS por cazar?

¿Cuántas manos por soltar? ¿Cuántas orejas por calentar?

¿Cuántas espaldas por recorrer?

¿Cuántos ombligos en los que sucumbir?

¿Cuántos cuellos por alcanzar? ¿Y por conquistar?

¿Cuánta belleza por pintar? ¿Cuánta risa por reír?

¿Cuánto tiempo para nada? ¿Cuánto espacio para todo?

¿Cuánto?

[Mecano cantaba feliz no aniversario el 7 de Septiembre, nosotros no. Un 22 de Octubre como otro cualquiera, en una ciudad cualquiera, en una plaza cualquiera, en un garito cualquiera, una mirada cualquiera de un cualquiera a una cualquiera.

Dos SONRISAS cualquieras.

Cualquiera se olvida, cualquiera se olvida.]

"Porque nunca se para de crecer, porque nunca se deja de morir.

Y puede que te alegre el corazón.

No hay más motivo ni razón... Que me acordé de ti."


Feliz no aniversario.


P.D: Y pase lo que pase, no llores, siempre es bonito tener alguien a quien escribir, o haberle tenido, todos los 22 de Octubre desde entonces y para siempre.

No hay más motivo ni razón, que me acordé de ti.


miércoles, 12 de octubre de 2011

¡Levad anclas!

De repente algo te hace reaccionar, y ojo, digo "algo" que no "alguien".

Que tengo fe en el ser humano me dicen mis amigos, no lo se, simplemente creo que todas las personas son buenas, aunque cabría esperar de mí pensar algo rollo no esperes nada de nadie y nunca saldrás decepcionado; pero supongo que en como casi todo, en mí no cabe esperar.

Que me ve preocupada dice mi "vecino", qué le va a matar dice mi "cachorro" , que no se de que me sorprendo dice mi "conciencia"... Pero a pesar de los años, siguen sin entender que no pue-do e-vi-tar gri-tar. Que no lo puedo evitar cuando hablo con pasión, cuando hablo con pasión de la ira, del desprecio, de lo malo, dde todo lo que me viene de dentro, todo el veneno.

De repente abreo los ojos, los del alma, mientras abro mucho la boca para gritar, y ves como a pesar de creerme la reina de África, aun se me cuelan en mi manada hienas disfrazadas de león.

Que para cuando para la mayoría de la gente esto sería un problema enorme, de mentiras, para mí solo significa violar lo único inviolable para mí, la lealtad.

( Nota: PARA MÍ. LA LEALTAD NO ES LO MISMO QUE LA FIDELIDAD, LA SEGUNDA ES PERDONABLE. )

¿En qué punto la gente le importa los demás? ¿Y en qué grado? Siempre me he dado cuenta como la gente intenta aparentar ser mejores de lo que son frente a sus amigos, y cuando digo amigos digo co-no-ci-dos/co-le-gas, definiciones que al parecer en el diccionario social aun siguen siendo sinónimos. Yo solo me se defender con una cosa y es que no todos mis conocidos son mis amigos, pero por suerte mis amigos son totalmente conocidos.

Yo me he equivocado es lo principal, en jugar a ser todopoderosa, jugar a vivir al límite mi filosofía. Y acabo de darme cuenta que hay gente que no puede jugar ni un poquito con ella.
Yo no me he equivocado en lo más importante... Yo no necesito la aprobación de nadie.

Pero algo que yo ya hacía desde los 14 años pero que nunca nadie me dijo (hasta ahora), me dio que pensar:

- "Lo que me gusta, es que eres capaz de sobrevivir a todo, y a todos".

Y eso puede sonar muy guay, pero no lo es, tampoco es horrible, es una realidad y dime, ¿Cómo definirías tu la realidad? No puedes, no puedes sin ser subjetivo, pues yo igual, y tu también.
Sobrevivir a todo y a todos no significa no importarme nada ni nadie, simplemente estar por encima de ello, simplemente saber que nada ni nadie es para siempre, y aun cuando he dejado el amor por el camino (amor más puro y fuerte que cualquier pareja que se escriba "feliz amanecer sirope de mi mundo de nube de caramelo" en los estados de tuenti), amistades de esas que dices nunca podría estar sin ellas, cosas materiales de las que nunca te despegarías, recuerdos que nunca olvidarías... Pues lo he hecho, y tu también ¿lo sabías?, y no es feo ni triste, es lo real, siento este chute de realidad pero... ¿serás tu quién lo juzgue? ¿serás tu quién me juzgue?.
Yo ya llegué al cenit de tal reflexión, de tal realidad, y no me ha causado más perturbación saber que el próximo que quiera desaparecerá o que nunca vuelva aparecer, que muchos de los que están a mi lado se irán como han vuelto , que esta cuidad, que esta casa, que este cuarto que nunca vuelva a sentarme en esta cama. Qué quizás el resto de mi vida me la pase elevando anclas en algún barco de Puerto Rico. Que rico.
Siempre solitaria, nunca sola.
Y todo porque no tengo anclas, nunca fui de esas.


Y ándate con ojo, las peores anclas son las voluntarias, y así nunca llegarás a Puerto Rico.

sábado, 23 de abril de 2011

Lo que no nos mata, nos hace más fuerte.

Me encanta leer esa frase tatuada en la parte derecha de tu espalda mientras te vistes, o te desvistes. Porque supongo que nos resume muy bien.

No nos vemos a menudo.
No nos regalamos cosas por San Valentín.
No nos juramos fidelidad.
No somos novios.
No somos amigos.
No somos pareja.
No somos eso. Amantes me gusta más.
No me quitaré tu anillo, pero no quiero que lo grabes.
No nos llamamos a todas horas.
No desconfíamos, porque no eso supondría imperfecciones en la tercera línea.
No son nuestros labios nuestros, ni nuestros cuerpos, pero si las vísceras.
No somos normales, porque no podemos geográficamente hablando.
No nos entienden, aunque nosotros tampoco. Y nos da igual.
No somos infelices porque no estemos juntos, somos felices porque a ratos nos echamos de menos.
No estamos enamorados porque no podemos dejar de querernos.
No nos hemos dicho "no" nunca. A nada.
No podemos dejar de mirarnos entre las bocanadas de humo verde.
No vamos a sacrificar nada por esto, sal y diviértete con alguna zorra burgalesa cariño.
No vamos a dejar de ser libres, lo que supone libertad para usar dicha libertad, si queremos.
Y es ahí, haber llegado a ese punto, lo que me hace quererte.

Siempre se me viene a la cabeza la canción de Los Rodríguez cuando estamos juntos.
Supongo que es porque tu y yo...


"...iremos a un hotel, iremos a cenar, pero nunca iremos juntos al altar".


Que mono estás adormilado en el sofá, en cuanto publique, pienso despertarte.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El calor de la montaña.

Calor. Esa sensación de verte esperando, esperándome. Mientras fumabas un piti.
Sentí calor cuando nada más vernos no me besaste, te quedaste mirándome sin decir nada y me abrazaras con fuerza.
Mientras dejaba que tu olor me recordase lo mucho que te echaba de menos.
Cuando me besaste despacio, casi con cuidado, como si me fuese a romper, mientras sentía tu aliento haciéndome cosquillas en la nariz.
Cuando hasta que no pasó un rato, mi estómago no logró calmarse.
Cuando al viajar en la moto abrazada a ti, me lloraran los ojos del frío, ¿del frío? Del calor. De la montaña, de ti.
Mientra hibernábamos en nuestra madriguera de lobos.
Mientras teníamos cachorros.
Cuando veíamos ese cielo sin ninguna estrella y hablábamos sin parar de nuestras cosas.
Cuando reías a carcajadas por mi torpeza. Cuando reías.
Cuando me quedaba mirándote embelesada como tratabas de sorprenderme con tus dotes culinarias.
Cuando después, después, suspirabas con una sonrisa sin decir nada.
Cuando dormitaba en tu clavícula mientras tarareabas alguna absurda canción de anuncio.

Cuando me LO dices.

Cuando me doy cuenta de que siempre has sabido mis sentimientos mejor que yo misma, porque eres un chulo encantador.
Pero sobre todo, cuando me dijiste que mi primer te quiero no te lo dije con los labios, te lo dije con la mirada.

Y es así, dices que conmigo ves la vida más alegre, pero es contigo con la clase de personas con las que aprendo que querer no es cuando encontramos a la persona perfecta para cada cual, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a alguien imperfecto.

Podremos pasar mucho tiempo separados, podré no decirte ESO muy a menudo, podré serte infiel pero nunca desleal.
Y lo se.
Y se que te quiero porque contigo el más difícil de los besos no es el primero, sino el último.



P.D: Y como toda carta estúpida de amor, escribo empezando sin saber lo que voy a decir, y termino sin saber lo que he dicho.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sureña

Lo he logrado. He logrado saber porque no escribo nada coherente desde hace unos meses. Es el FRÍO, el frío es lo que me trastorna.
Bueno, más que el frío, la ausencia de Sol.

Ver como busco como un reptil cada rayo de Sol que las vacilantes nubes me regalan.
Como mis ojos se tornan de ese gracioso verde, gracias al Sol en mi iris, a un oscuro que compite con el de mis rizos.
A como dejo de lado mis camisetas que enseñan más de lo que deberían pero justo lo que me gusta. Como mis vaqueritos rotos ya no presentan unas joviales y doradas piernas, sino alguna malla "antifa".
Como mis vestidos de tela fina has dejado de ser un mero instrumento para evitar el escándalo público ante lo bien que me sienta mi propia piel, para pasar a ser una capa más de la cebolla en la que mes estoy convirtiendo.
Como antes al levantar la persiana veía al Sol diciéndome:
-¡Buenos días princesa! Venga, esos cripies, que llegas tarde.
A como ahora, al levantar la persiana, me arrepiento de ello.
Soy sureña está claro. No estaba preparada. Me trastorna. Voy a echar de menos tonterías como:
las tardes de lectura en tu terraza,

estar desnuda a la menor ocasión y a la menor excusa,
esas mañanas en las que solo me despertaba para volver a dormir con el Sol por sábana y la hamaca por cama,

Hasta voy a echar de menos (y el vecino también) ver colgada mi ropa de verano.
El mítico:
- "Mamá pero ¿Tu has visto que día hace para quedarme en casa?"

Pero sobre todo esa estúpida bola de fuego encima de mi cabeza. El calor, summertime... Porque ahora llegas tu, infame Reina del Frío. Pero al final, aunque empezamos con mal pie todos los años, acabamos por llegar a una simbiosis. Yo reconozco que me gusta el wintertime (pero no tanto como...) y tu me regalas de vez en cuando visiones como ésta.
Simbiosis.

Hasta dentro de unos meses Lorenzo, mi sangre sigue caliente. Siempre.








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