Fragmento de mi entrada "Diario de tus instintos olvidados".

Y a solas, cada cuerpo compone su réquiem.Un llanto por la mitad perdida. Una lágrima por cada gota de sudor compartida. Una SONRISA por cada risa que inundó la partida.

El acto desesperado de amar lo que no tenemos. El acto desesperado de amar.
Amar desesperados ese acto.
Y desesperados sucumbir al amar.

(Fragmento de mi entrada "Diario de tus instintos olvidados".)

martes, 6 de abril de 2010

Esa casa repleta de gente

Esta Semana Santa, en parte, me ha recordado un poco a Navidad. En mi casa. En Burgos. Estaba igual de llena que entonces. Me llaman mis primos a ver cuándo voy. Estoy yendo.
Dormida en el trayecto, como siempre. Porque no me dejáis hacer a mí.

Los de Madrid somos los últimos en llegar. Mi hermana me da un codazo. Dice que me despierte. Ya veo la fila de casitas blancas adosadas, la puerta blanca a lo americano es la de mi abuela.
Está entreabierta. Nos esperan. Ya estamos.

Salgo de coche con pelos de loca y corro a la casa, ignorando a mi madre diciendo que agarre la maleta. Bastante tengo con mi tortuga a cuestas... ¿Sulo se mareará durante el trayecto? Sospecho por el olor que sí. Empujo con el culo la pesada puerta, entro, gritando que ya he llegado. En el hall no hay nadie, dejo a la tortuga en el suelo y entro en el gran salón de la derecha, me choco con mi abuela. Cada vez es más menudita. Y sus ojos más azules.

-¡Sara! -Me besuquea-. ¿Has crecido? ¡Qué pelazo tienes ya guapa! Pero... ¿qué pasa? ¿en Madrid no te dan de comer? ¡¡Estás hecha un palo!!
-Anda abuela...

La besuqueo. Siempre me dice lo mismo. Para ella la del pelo más largo. La más guapa. La más alta. La más palillo. La más.

Al minuto. Mi madre.

-¡Sara! ¡Quita la rana de ahí!
-¡¡ tortuga, es una tortuga !!
Mi hermana y yo ya nos hemos sincronizado para gritar esto.

Entro a la cocina, pegada al otro salón-comedor de la izquierda. Oigo risotadas en el piso de arriba. Allí están muchos de los que somos, no todos lo que somos. Mi padre riéndose a carcajadas con mi tío. Mi tío, me encanta, se ríe, mientras coge a su hija pequeña, mi primita, y se la pasa por detrás de la cabeza. Que bruto. Mi tía, peina a mi otra prima. Su hermana. Mi otro tío se dedica a mirar de reojo esas morcillas que descansan, por poco tiempo, sobre la mesa. Mi abuela corre al fogón.

Din Dong. Mi tiabuela. Me besuquea, mis primos segundos van entrando en hilera. Uno, dos, tres. Hay que traer más sillas. Más toc toc a la puerta. Bajan del piso de arriba. Mis primos. Siguen con sus melenas. Uno ya ha tenido una hija preciosa, con una preciosa alemana. Me abrazan, me cogen, me pegan. Me río. La tortuga la suelto en el jardín.

-¡Abuela! Ya tienes dalias. ¡Y pensamientos! ¿Las fres...?
-Si, si... las he cogido esta mañana, están en ese tarro en la terraza. Baja a la despensa, hay nata.

Falta alguno más. No cabemos todos en la mesa.
¿Por qué todos tienen los ojos azules menos mi hermana y yo? Que alguien me lo explique...
Cada mayor con un pequeño a cuestas. Vamos todos a ver a los otros abuelos. Mi abuela, de ojos verdes, siempre va descalza y ha hecho canelones. Ñam. Mi prima favorita, como dos gotas de agua, igual de locas, aparece con las zapatillas de estar por casa que siempre me pido yo. Tradición familiar, en casa nada de zapatos, solo calcetines, o zapatillas o delcalzos.

-¡Ven aquí María!
Corro.
-Sara, déjame... ¡abuela!
Se las quito.

Me choco con mi primo, más alto que yo y a este paso más sobado también, la edad del pavo. Mi tía ya ha empezado a comer, mi prima se dedica a darle el pecho a su bebita. Otra con los ojos azules. Lo hacéis aposta. Mi padre se dedica a hablar con sus 2 hermanos sobre cosas de ingeniería. En fin. Y sus mujeres, de que caro está todo. Que originales. Acabamos de comer. No podemos más.

-¿Flan casero? Trae, trae.

Poco a poco, la gente se levanta, disimuladamente. Sin hacer ruido. Desaparecen con prisa por la puerta. ¡Mierda! Siempre se me olvida que las camas son limitadas, nos miramos los jóvenes. Otra tradición familiar, la siesta. Imperdonable. Nos levantamos estruendosamente y corremos por los pasillos y las escaleras a por las últimas camas libres.

-¡Au!
-Perdón abuelo...
-El sofá del salón de la tele creo que est...

Ya estamos corriendo a por él. Ya hemos roto algo. Acabo en la alfombra con 7 cojines. Con tanta comida en el estómago voy lenta. Mi tía no perdona la novela. Los demás la vemos sin ver. Nos vamos quedando dormidos. El Sól entra tímido por las rendijas de las ventanas, me hacen entrecerrar los ojos y suspirar de comodidad. Muchas respiraciones pausadas alrededor, estómagos llenos descansando, parpados vencidos.

Me giro buscando el Sol. Es perfecto. Ronroneo. Me hago un ovillo. Dejo la mente en blanco, me duermo... Ya verás tú por la noche para dormir...

Perfecta sincronización en la manada. Los pocos machos que vencen la tentación de la siesta juegan al chinchón en la cocina, las hembras dormitan mientras cotillean de nosotros, los miembros alfa duermen en las mejores camas, los cachorros descansamos en cualquier lugar del salón.

Y el Sol ve todo esto.
En ese momento no hace falta nada más, tan sencillo, como esto. Sin tener más importancia.
Pero me gustan esos momentos.






3 comentarios:

  1. la foto es brutal, y esos momentos de familia....los hecho de menos;nuenca he tenido esos momentos.la rivalidad en mi familia impide que nos juntemos en una misma casa a dormir la sienta mientras el sol escribe poesia con nuestras muecas de ensueño....me gusta

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  2. pfff no hay nada como los verdaderos hogares!

    Yo soy de Granada; y cuando voy...es extraño,pero
    siento que estoy en mi casa a pesar de haber vivido
    poco en ella.

    Es bonito!

    =)

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  3. q grande...

    la verdad esq yo no suelo juntarme con mucha gente,mi familia es demasiado pequeña =(

    tus ojos son preciosos Sara.

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