Fragmento de mi entrada "Diario de tus instintos olvidados".

Y a solas, cada cuerpo compone su réquiem.Un llanto por la mitad perdida. Una lágrima por cada gota de sudor compartida. Una SONRISA por cada risa que inundó la partida.

El acto desesperado de amar lo que no tenemos. El acto desesperado de amar.
Amar desesperados ese acto.
Y desesperados sucumbir al amar.

(Fragmento de mi entrada "Diario de tus instintos olvidados".)

miércoles, 14 de abril de 2010

Mis 6 sentidos te desean buenos días duende


Nada. Silencio. Como siempre. Como nunca, porque nunca soy consciente de ello. Lo imagino. Se que es así. Y que es imposible saberlo, vérmelo, sentirlo.

Respiración acompasada. Nebulosas. Preciosos sueños, o no. Simplemente nebulosas. O que no me acuerdo luego, y me gustaría.

Acurrucada, en una posición distinta a cuando me acosté. Por las noches, recorro toda la cama sin darme cuenta, no paro ni dormida. Desnuda, mi pecho se levanta suavemente al compás de un mechón cerca de mi nariz. Con mis sábanas blancas, sin ribetes bordados esta vez, y la manta hippie azul, donde una mandala dibujada encima me protege del frío. Tengo una pierna fuera, y un brazo también, de medio lado, en el borde derecho de mi cama, en lo más oscuro. Mi pelo se desparramaba desordenado por doquier. Mis nebulosas también. Suspiro profundamente. Inconscientemente.

Es sábado. No hay despertador electrónico, ni humano. No hay nada, ni nadie que venga a despertarme. Solo el Sol. Mi madre me deja la persiana entreabierta. Sabe que no me gusta dormir con luz, pero se lo agradezco, me gusta despertarme con luz natural. Entran los primeros rayos y dibujan un dalmata dorado en mi pared. Yo no lo veo. Pero se que es así.

Pasan horas. El dálmata ya no es tal, ahora los rayos se pelean por colorear entera mi pared de luz. Mi póster de The Beatles recibe el que más luz. Me gusta el traje de John, el que más. Como siempre. Imagine. Como todo esto. Imagine.

El calor ha conquistado mi cuarto. Y la luz también. Rebota en mi cuerpo. Se despierta, antes que yo, siempre. Me revuelvo y me dio media vuelta, como siempre, como si por ese acto la luz desapareciese y las horas de sueño se alargaran. Y no funciona.

Se que he soñado esta noche, y que no me voy acordar de qué.

Se que tengo en la espalda un avión, dibujado por un duende de ojos transparentes, casi.

Mi cuerpo ya se está levantando. Sin darme cuenta empieza a salir del cascarón de sábanas que me envuelve. El sentido del tacto es el más madrugador de todos. Siento en mi piel el suave roze de las sábanas deslizándose marginadas para no darme calor. Es uan sensación tan... natural y libaradora dormir sin nada... desterrando pijamas. Quedo expuesta al calor, la luz. El pelo me hace cosquillas en los hombros, en la espalda. Hace ruido, muy suave, casi imperceptible contra la almohada, y se despierta mi oído. Oye mis piernas luchar contra las sábanas, mi respiración relajada, los pájaros que se posan en la hierba del muro debajo de mi casa, alguna Chopper lejana... Oye otro suspiro, esta vez consciente. Como de: "me rindo, ale, despertaros todos sin mí"

Mi olfato es el siguiente. Huele a... no se... ¿yo? ¿mi cuarto? Sí, a eso. La ropa del día anterior descansa arrugada aun metro sobre mí, desprende olor a mi colonia. Mi mochila guarda dos mandarinas del día anterior, las discriminé por una rica palmera, y ahora se quejan. Olor a mandarinas. Mhmhmmm.

Me pongo boca arriba. Me niego abrir los ojos. Suerte que ese sentido, el de la vista, depende de mí. Ja. Me paso la mano por la frente, apartándome el flequillo. Los abro lentamente. Como si me pesaran. Allí está mi lampara, como todas las mañanas. La sonrío. Y me quedo mil millones segundos boca arriba, disfrutando de como se desperezan mis sentidos, poco a poco. Se saludan.

Me recuesto de nuevo, no cierro los ojos. Disfruto de mi consciencia, pero no la pongo en marcha. Disfruto de mis sentidos, de la gravedad, del peso de mi cuerpo en la cama, de las curvas de la sábana sobre él...

Después, y no sin mucho esfuerzo, alargo el brazo y agarro essas dos mandarinas. Me sonríen, naranjas como ninguna. Las abro y hago una montañita con su piel encima de mi tripa. Me meto un gajo en la boca. Despierto al último que quedaba. El gusto. El más perezoso de todos, si no es por mí no arranca. Pero tiene el mejor despertar. La dulzura de la mandarina inunda mi boca y llega hasta cada fibra de mi cerebro. De golpe.

Me siento. Me meto el último trozo entero. Sonrío. Me pongo la sábana envolviéndome. vaya estupidez, la dejo y corro a la cocina.

Y me doy cuenta de que hay un sentido, mi sexto sentido, que también se despierta todos los días junto con los otros. Lo que no se es cuando exactamente...

...el sentido del buen humor.
Mi favorito.

Buenos días.




3 comentarios:

  1. No se como lo haces pero ´debes saber como golpear mis párpados hasta vaciarlos de lágrimas, y todo esto sin hacerme sufrir.

    Hace ya 8 o quizá 9 meses que busco todos los fines de semana ese dálmata que en verano me da la vida, y no lo encuentro. Me hace lacrimosear pensar que no lo encuentro, y me hace sonreir pensar que lo encontraré en un futuro.

    Me encanta saber que hay alguien que está tan loco como yo como para pasar hasta 15 minutos solo despertando sus sentidos conscientemente (15 minutos sin incluir los otros muxos que tonteas con las sabanas).


    Gracias por escribir; hoy necesitaba algo así;Buen sentido del humor, tan crucial como escaso.

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  2. prometo ponerme al dia con tu blog, que entre semana santa y examenes no he pasado por aqui desde hace mucho =S
    sacare ratos para leerte... leertmucho porque vaya eh¡¡¡¡ jejjejeje
    un beso Sonrisa =)

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  3. Ahh que lindo! me encanta como escribís! Un abrazo :)

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